jueves, 8 de abril de 2010

Aquella y la otra también

Él era un estúpido tarántulo
De los que escribían sobre sexo y dolor
Una vez en un pub conoció
A una viuda blanca
Motivo para muchos hombres de masturbación
El tarántulo se enamoró de su sonrisa labial
Y aquella noche tomó diez copas de más
Se lanzó hacia ella y con un aire especial
Ella lo rechazó dándose la vuelta y dejándolo atrás
Pero le ofreció su número de teléfono con carmín en una servilleta
Y él recordando sus tetas, consumió esa noche el escapismo en sus venas
Olvidando sus meses de penas, se esnifó las estrellas
Dejando las juergas de jergas y absenta detrás
Y no olvidaba ni el sonido de sus tacones ni su maquillaje
En aquél burdel donde traficantes le prepararon un brebaje
Que para él simbolizaban del Sena
atravesando Eiffel
Y recordaba sus bucales atractivos y su aroma cercano al esternón
Todos a su alrededor querían follársela, y él se cuestionaba, ¿Y quién no?
Pues cuando la tocaba era más sorprendente que el propio Lázaro
saliendo de su partenón
Y eran las tres y el número de carmín sonó:


"Soy yo otra vez¿que tal estás mi amor?
No me quito de la cabeza una triste canción
Porque creo que en esta vida no hay alivio para mi dolor
Te conocí esta noche y ya caí en depresión
Estoy tomándome una copa esquivando de la decadencia el olor
Es un Bloody Mary con un poco de arsénico, que parece ser mi pasión
Y si no te viene mal, nos veremos en el más allá
Donde sin ningún problema fatal, podamos hacernos el amor"

Cuando la llamada terminó él de su vida dudó
Ella se había suicidado por él, así que finalmente se mató
Y el número de carmín en el cielo sonó otra vez
En la tierra un estúpido tarántulo se había matado
Sin ninguna llamada en el registro de su móvil que lo hubiese llamado
a las tres

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