Había una vez una chica a la que su novio besaba en la mejilla
Lo hacía siempre así puesto que tenía una manía en su personalidad clavada como astilla
Ella por mucho que lo intentaba no conseguía convertir la manía en serrín
El principal atractivo de ella por lo que todos los hombres la amaban era por sus labios
bañados en carmín
Y él temía más que a nada en la vida que la roja pintura de su boca se borrase
Ella se cuestionaba el por qué de que no la amase siendo él el único que sus labios alcanzase
Él deseaba probar su saliva, la textura de su boca y el sabor de sus labios
Pero su única demostración de amor era regalarle cada mes una barra de pintalabios
Un beso que uniese sus salivas como tormenta que cayese sobre un lago de sangre
La emoción de sus grietas como campanadas en un día gris, esa éra su hambre
Y ella retenía su inocencia de lujuria infantil del que sería su primer beso
Se preguntaba día a día si su novio para no besarla en los labios tendría alguna razón de peso
Así que ella en depresión, pensó que lo correcto era que lo dejasen, como la hoja sepia deja el árbol cuando se seca
Y tras ello el corazón de él se secó como la hoja, como el santo que de sus milagros peca
Sin motivo por el que respirar, subió una colina y en el sauce más alto se ahorcó cerca de un puente
Lloró antes de morir y sus lágrimas al fluir llegaron finalmente a la esperanza de una fuente
En ella, sobre el agua en sangre se hallaban sus últimas palabras "Yo siento lo que nadie siente"
He sido infiel.
Hace 12 años
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