Resquebrajándose los fragmentos de sueños de los que nos rodean entre funestos
hongos nucleares de color carmesí, entre una tormenta de ácida lluvia, entre unas nubes
disparadas por meteoritos que impactan en la belleza.
Ahí, en ese preciso lugar es donde alguien que despreció una luz trata de recuperarla
una vez que ya ha dejado de iluminar.
Puede, que, sin ninguna seguridad, tras verte lance parabólicamente el cigarro en llamas sobre
aquel negro lago...
¿Se derretirían mis pecados al tocar de nuevo tu piel? ¿Lloraría el demonio si me concedieses
un último baile? ¿Se fundiría el invierno en la eternidad por encima del verano?
Ya sólo queda el resto de tu pintalabios en el filtro del cigarro, mejorando su sabor,
soñando con morder la esperanza. Solo quedan los que viven de los rezos al ignorante que se
halla en los crucifijos que tienen entre sus manos.
Desconsoladamente las heridas que gotean del cielo se igualan al castigo merecido, o puede que
el apocalipsis no tenga sus propios colores y notas.
Será que todo esto estaba en el reverso que se me olvidó leer cuando comencé este libro...
Y aún así sigue el viciante aire más denso que el cigarro que debería estar apagado entre mis
dedos por la quemada lluvia, siguen los hongos nucleares que derriban con humo los deseos levitados
sobre la angustia, sigue la belleza aniquilada por perdedores enamorados de la Luna que no
consiguen ver en su apogeo.
El panorama del absurdo tonteo se colorea con el asqueroso humo de un cigarro, puede, que
si las cosas siguen así, la colilla al nevar sobre el lago de gasolina haga arder en zafiro
este infierno en que uno observa al otro sin necesidad de saliva de por medio.
Puede, que así sea la única forma en la que podamos arder los dos antes del final...
Y.. ¿Qué mas dá? Si no me importa que arda el infinito con tal de tenerte en frente mía...
He sido infiel.
Hace 12 años