domingo, 29 de noviembre de 2009

La muerte está enamorada de nosotros

Parece que la muerte está enamorada de nosotros dos.
El velo de luto que deja su fragancia en el aire, parece ser el primero
que previene la muerte de la primavera. Ojalá hubiese llegado la mancha
de sangre a salpicar en los andenes antes de que el cuervo buscase entre los
intestinos el menor atisbo de placer por la vida.


Es como la mezcla en el viciado aire entre dos humos tan densos y tan oscuros
que ocultan en el ocaso que una vez existieron. Sin necesidad de batir el vuelo
las burdeas mariposas se dan cuenta de que no pueden llegar a acariciar el
sucio cielo, se lo impide el canto de sirenas escondido en los cristales de nieve,
el frío pasado, cuyas heridas son incapaces de ser borradas ni por la más tibia lluvia.


Una sociedad construida con escombros, una vida fugaz y cruel, una playa difuminada
por gris en la memoria, todo decorado por las más deseadas mentiras.
¿Quién supondría que una sonrisa hiriera tanto?
El eco de lo que una vez fué verdad retumba y quiebra el corazón, creando grietas
que ningún futuro podrá curar. Tanto olvidado en la madrugada, tanto escrito con
labios en la piel desnuda.

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