jueves, 31 de diciembre de 2009

Brisa Amargura

Quiero la última cena a tu lado
Regalarte el cielo atado a la proa de un barco alado
Rasgar tu inocencia y tu sonrisa con una púa llamada amor
Tumbarnos en la cama y escuchar toda la noche Moriría por Vos


Escribirle cientos de poesías a tus labios
Despertar del paraíso tornado pesadilla
Soportando la madrugada sosteniéndote entre mis brazos
Enloqueciéndome tu voz y escuchando de tus pechos los latidos
Escribir nuestros nombres en un muro y que perduren durante siglos
Y no te escribo a tinta, sino con aguja con sangre de mi alma
Quédate hiréndome pero quédate en esta helada madrugada
Y te ruego en silencio pues mi voz el tiempo mata
Pero afirmo mi locura, que, como vino catas


Y es que te anhelo tan desesperadamente en este vacío de llamas negras que acorta mis
latidos y pudre mis pulmones, que me rio de mi mismo por escribir tu nombre con conchas
en la orilla y trazo tus ojos como tren descarrilado de sus vías. Y tanta angustia latente
en los demás y pronunciada con demora que parece dominada por una gloria amorosa.
Me gustaría dejar estas palabras ingrávidas en el cielo, entre el Sol y la Luna y alineadas
con la Vía Lactea, que entre espuma bañe tu cuerpo mancillado por la mirada lujuriosos
cuervos, que, a su vez son responsable del holocausto pasional que parece herir mi pecho.

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