Hace eones había un hombre ahogado en las lagunas del tiempo. Éstas lo enfermaron
hasta tal punto de despreciar todo lo encontrado al alcance de los rayos del Sol.
Usaba una máscara para ocultar su rostro, pues no quería que nadie supiese como era
realmente y mucho menos los momentos en los que lloraba. Se dedicaba horas y horas al día escribiendo, meditando, creando y buscando una solución para todo, pero ésta por mucho que buscase era incapaz de encontrar. La metamórfosis del amor, los bostezos de la muerte, eran cosas en las que pensaba y sin embargo no entendía. Los veía tan relacionados que comenzó a volverse loco. En su mente sexo, muerte y felicidad eran una.
A medida que pasaban los días se iba dando cuenta de que sus sentimientos no eran
comprendidos por nadie, ni por su familia ni por sus amigos. Esperaba que hubiese alguien que lo entendiese, así que decidió irse a Plaza de Armas de un lugar cualquiera y con los cortes que se hizo a sí mismo en la yema de sus dedos comenzó a escribir sus penas en el suelo, pero nadie dirigía su cabeza hacia ellas.A pesar del escozor de sus cortes con el suelo,el continuó, hasta quedarse desmayado por la pérdida de sangre. Aunque estaba allí tumbado en medio de un lugar transitado nadie pretendía ayudarlo. Pasaron los meses y llegó el Otoño,
y un cúmulo de hojas negras y verdes lo sepultaron haciendolo imperceptible para la gente.
El óxido hipócrita del aire infectó sus heridas, dejándolo a merced de una alta fiebre que casi se cobraba su vida y que el deseaba de todo corazón. Sin embargo, era tan desafortunado que, ni la muerte le llegaba aún deseándola.El frío invierno no curó sus heridas, solo las congelaron haciendolas perpetuas en el tiempo, durante eones.
Gracias a dios que, hoy en día no hay nadie ahogándose en las lagunas del tiempo...
He sido infiel.
Hace 12 años
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