domingo, 13 de diciembre de 2009

Una hidra de ámbar negro

Aprendamos a hacer rozar nuestros cuerpos bien
Esa rotación cercana con la cama como rehén
Eres la única religión a la que estoy dispuesto a decir amén
No te conviene saber en que lugar de tu cuerpo dejaría escrito 666



Nunca me señala la dirección correcta el andén
Todo me aburre, todo me desquicia, hasta el edén
Lo que nos visita a todos lo tenía que haberlo hecho allí,
entre el 666


Así que tómalo en tus manos y dejalo caer
como perfecta esfera de ámbar negro,
con ese trazo tan fino que ni se ve e integro
como óxido que quiere los recuerdos corroer


La verdad no es absoluta, la mentira no quiere ser falseada
No nos engañemos con que necesito algo bello
Ni siquiera la libertad se considera acromada
Quiero ser la hidra que se alimenta de ello

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